Empieza a llover

Miró la ventana. Una, dos, tres veces. Era extraño que hubiera comenzado a llover con lo bien que había empezado el día. Alan frunció el ceño ¿No había salido Martha con su cámara? Se mordió el labio inferior, preocupado. Quizás le halla cogido la lluvia sacando alguna fotografía y se le haya estropeado la cámara. O quizá ella misma se enferme.
Suspiró, se estaba volviendo demasiado sobreprotector ultimamente.
Observó un momento la pantalla de su móvil, se tomó apenas unos segundos para recordar el número de su hermana y marcarlo. Colocó su nokia al lado de la oreja. Escuchó el tono con expresión impaciente.
Lo relajó la voz de Martha al otro lado de la línea.
-¿Qué quieres ahora? -Su voz sonaba calmada, despreocupada. Alan notó cierto tono feliz, incluso. Le alegró escuchar su voz.
-¿Qué pasa? ¿No puedo llamarte sólo para saber como estás?
Unos segundos de silencio. Después, de nuevo aquella voz calmada, respondiendole.
-Si, supongo que si puedes... -Hizo una pausa- Estoy bien ¿Porqué lo preguntas? Voy camino a casa.
Alan asintió con la cabeza, aún a sabiendas de que ella no podía verlo.
-¿Te mojaste?
Adivinó un ceño fruncido al otro lado de la línea.
-¿Mojarme?
-Está lloviendo, a cántaros ¿Donde estás?
Esta chica... lo sacaba de quicio. Al menos no le ha pillado la lluvia mientras sacaba fotos, si lo hubiera echo se habría dado cuenta ¿No?
-¿Está lloviendo? ¿De verdad? -Un sonido que delataba que Martha se había levantado de donde estaba sentada- Ah, es verdad... está lloviendo. No me había dado cuenta.
Una ceja de Alan se alzó, sin remedio. Aún no se creía tener una hermana tan despistada. Recordó su segunda pregunta, aquella que ella aún no había respondido. Antes de repetirla apoyó el teléfono sobre su hombro, doblando el cuello para que no se le cayera. Pasó sus dos manos por su pelo castaño, que se había alborotado un poco.
-¿Donde estás? -Repitió, escéptico-
Su hermana bufó, provocando un sonido molesto por el teléfono.
-¿Esto que es? ¿Un interrogatorio? Estoy en el autobús
-¿Estás en el autobús y no te diste cuenta de que estaba lloviendo?
El muchacho rodó los ojos
-¡Pues no! ¡No me di cuenta! ¿Qué mas da si llueve o no llueve? ¿Acaso llueve algún tipo de ácido que hará que me desintegre?
-No Martha no... disculpa creí que te había cogido la lluvia sacando fotos o algo...
-Cuando sacaba fotos el tiempo esta perfectamente. Con sol y todo... -Suspiró- Está bien, lo siento. Estoy bien ¿Vale? Ya estoy llegando - Y cuelga-
A los pocos minutos. Una mojada Marta irrumpe en la casa. Alan se apresura a ayudarla a secarse pero ella lo aparta ocn un gesto de la mano. Pero no parece molesta en absoluto. Su hermano debería estar acostumbrado a eso. Suspiró.
-Marta...
Lo miró de soslayo. Su sonrisa se había quedado seguramente en una de sus fotogragías.
-No sé que tienes ultimamente que te preocupas por mi... o eso parece... porque después...
-¿Después? -Interrumpió sin entender. Pero ella no dió explicaciones. Nunca las daba.- Oye tampoco te pongas asi... eh, ¿Adónde vas?
La muchacha le dedicó una sonrisa que seguramente ocultaba otra expresion. Seguramente menos agradable. Con todo, era una sonrisa bastante forzada, más semejante a una mueca. Se dispuso a subir por las escaleras, sin la esperanza de que él le siguiera, no valía la pena. Por muchas preocupaciones que se trajera entre manos. Él nunca hacía nada por ella. Nunca la seguía.
Un portazo resonó hasta el salón de la casa. Alan bufó sin terminar de comprender nada ¿Qué demonios había echo él? ¿Que hace mal?




Y una hora más tarde, golpecitos insistentes en la puerta de su habitación. Marta frunció en ceño. Su hermano nunca iba a su habitación después de discutir -Si a aquello se le podía llamar discusión- Y dudaba muchisimo que fuera a disculparse. La muchacha sabía que era ella quien tenía razón. Alan muchas veces se las daba de hermano mayor, a pesar de tenes tan solo dos años mas que ella. Pero la mayor parte de las veces la abandona para ir con sus amigos, con sus amigas... Alan vivía en su propio mundo, según Marta pensaba. Y aquel mundo en el que vivía era demasiado distinto al que se encontraba ella. El universo de su hermano era toda fantasía, ensoñación e imaginación. Mientras que Marta se había visto obligada hace algún tiempo a aceptar la realidad.
Alan no le prestaba atención cuando lo necesitaba. Y no la trataba como trataba a otras personas. Alan sabía que su hermana era diferente, y en vez de tratarla de forma especial, se limitaba a ignorarla a veces. Su hermano ignoraba cuánto lo quería ella, y eso a Marta le frustraba muchisimo.
Los golpecitos en la puerta se volvieron más insistentes mientras que la chica volvía a la realidad.
-¿Tan enfadada está conmigo que no me dejas entrar? -La inconfundible silueta de Alan entró por la puerta con lentitud.
-No te he oído -Mintió encogiéndose de hombros-. Disculpa.
El muchacho entornó sus ojos claros con cierta elegancia que le caracterizaba y decidió acercarse al borde de la cama. Por supuesto, no se percató de los esfuerzos de Marta por borrar todo signo que la delatara de haber estado llorando.
-Deberías irte vistiendo -Comentó, como si aquello fuera algo que ella debería haber echo hace rato.
Marta se revolvió. Ya era obvio que no había venido a disculparse, ni a decirle nada bonito, ni siquiera a saber si ella estaba bien. Ni mucho menos, sin embargo lo miró sin comprender. Alan pareció notarlo, porque añadió:
-Vamos al puerto, a buscar a Beth ¿No recuerdas que te lo dije?
Beth, o mejor dicho: Elizabeth. Su prima. Auquella prima que, por razones que ni ella misma conocía, odiaba a Marta. Y si no la odiaba, en su opinión, disimulaba bastante bien. De todas formas Beth tampoco era santo de su devoción. Ella le quitaba a Alan, porque se adoraban. Y era en los momentos que pasaban con ella cuando su hermano más la ignoraba.
Elizabeth no vivía en Le Havre como ellos. Sino en Brighton, una pequeña ciudad cercana a Londres, donde estudiaba.
-No me has dicho nada sobre Beth...
Alan parpadeó
-¿De verdad no te dije nada? -negó con la cabeza- Pues viene hoy en el Ferry... Creí que te lo había dicho, de verdad. ¿Seguro que no te lo dije?
-No Alan, no me lo dijiste.
Él se levantó y se cruzó de brazos.
-Juraría que si... -Siguió insistiendo, pero no servía de nada. Marta sabía perfectamente que había olvidado mencionárselo siquiera-. Bueno, de todas formas tenemos que ir a buscarla... Asi que podrías irte vistiendo.
-Estoy vestida -Observó ella, escéptica-
Su hermano le dirigió una corta mirada a su típico jersey negro y sus vaqueros poco ajustados con mirada pensativa.
-¿Vas a ir así?
-No veo porqué debería ir de otra forma. Vamos a ir a buscar a Elizabeth ¿No?, No a la reina de Inglaterra.
Él se dejó ver levemente irritado. A la muchacha le dolió que se molestara porque menospreciaran a Beth y no lo hiciera cuando soltaban algún comentario dirigido a ella, que era su hermana.
-Beth... -Susurró, como corrigiéndola. A Elizabeth no le gustaba su nombre completo, le parecía demasiado largo y antiguo. Prefería que le llamaran sólo Beth, y esto era algo de Alan hacía siempre-. Bueno ve como quieras...
Y en silencio, se levantó y salió de la habitación si añadir nada mas. Marta apretó los labios. La adoraba, adoraba a Beth, que era su prima. Y sin embargo, ignoraba a su hermana.

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