Sonrisas

Sonrió, como nunca lo habia echo. O mejor dicho, como siempre lo haciá cada vez que se inclinaba sobre su cámara, preparada para sacar la fotografía. Preparada para plasmar toda aquella belleza que se extendía ante ella, en un mísero trozo de papel.
Observó el paisaje. Perfecto. Tan perfecto que se quedaría fotografiándolo toda la vida, pensó con su media sonrisa aún dibujada en unos labios finísimos, casi tan finos como ella misma.
El viento pareció haber dejado de soplar por un momento, las ramas de los árboles permanecían inmóviles, a la espera de que Martha creara una obra de arte con ellas. Incluso un pajarillo decidió posarse en una rama en ese momento, y permanecer quieto. Como si el bosque entero se había puesto de acuerdo para que la muchacha de pelo negro lo fotografiara. Ella, feliz, comparó el paisaje con la imagen que mostraba la cámara. Perfecta. Plasmada. Idéntica.
Con un silencioso "Clic", realizó aquella fotografía. Que contenía todo lo bello del paisaje, más la habilidad experta de Martha para encuadrar la imagen. La hacía sentir que aquello era lo único que quería realmente, quedarse ahí, observando el mundo tras su cámara.
Mirada rápida a todas las fotos de la mañana. Le encantaban. Incluso una que sacó a un pájaro que había decidido posar para ella. Igual que una borrosa que sacó a una flor que encontró sola, y decidió llevarse con ella, en aquella foto. No borró ninguna, todas eran perfectas, eran como la naturaleza lo había creado. Y quizá sea por eso que aquellas imágenes fueran tan perfectas.
Sonrió, y le dedicó su sonrisa al mundo. Como todas las mañanas. Esa probablemente fuera, su única sonrisa del día.